Dos candidatos de derecha al frente en un escenario fragmentado
A poco más de un mes de las elecciones presidenciales del 13 de abril en Perú, dos figuras de la derecha peruana lideran las encuestas de intención de voto: Keiko Fujimori, hija del expresidente encarcelado Alberto Fujimori, y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima. Sin embargo, ninguno de los dos supera el 15% de las preferencias, lo que refleja un escenario electoral profundamente fragmentado.
Según la encuesta reportada por Reuters, la gran mayoría de los votantes peruanos aún no ha definido su voto, lo que deja abierta la posibilidad de cambios significativos en las preferencias durante las semanas previas a los comicios. Este nivel de indecisión es consistente con un patrón recurrente en las elecciones peruanas recientes, donde los candidatos líderes en las encuestas tempranas no siempre logran consolidar su ventaja.
Keiko Fujimori: tercer intento por la presidencia
Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular, busca la presidencia por tercera vez. En 2011 perdió ante Ollanta Humala y en 2021 fue derrotada por Pedro Castillo en una segunda vuelta extremadamente reñida. Su candidatura sigue generando polarización en el electorado peruano: cuenta con una base de apoyo leal vinculada al legado de su padre Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000, pero también enfrenta un significativo rechazo por las acusaciones de corrupción y los procesos judiciales que ha enfrentado.
Alberto Fujimori, quien fue liberado en diciembre de 2023 tras un indulto humanitario, falleció en septiembre de 2024. Su figura sigue siendo divisiva en la política peruana: mientras sectores conservadores le atribuyen la derrota del terrorismo y la estabilización económica de los años 90, sus críticos señalan las graves violaciones a los derechos humanos y la corrupción sistemática de su gobierno.
López Aliaga: del municipio de Lima a la carrera presidencial
Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, representa otra vertiente de la derecha peruana. Como exalcalde de Lima, López Aliaga ha construido su plataforma sobre un discurso conservador en lo social y liberal en lo económico. Su gestión municipal le dio visibilidad nacional, aunque también generó controversias.
López Aliaga ya había participado en las elecciones presidenciales de 2021, donde obtuvo un tercer lugar con aproximadamente 11.7% de los votos en primera vuelta. Su retorno a la contienda electoral muestra que ha logrado mantener relevancia política en un país donde los liderazgos partidarios tienden a ser efímeros.
Un electorado fragmentado y desencantado
El dato más revelador de la encuesta no es quién lidera, sino el altísimo porcentaje de indecisos. Este fenómeno responde a múltiples factores: la profunda crisis de confianza institucional que atraviesa Perú, la inestabilidad política que ha marcado los últimos años —con seis presidentes en cinco años— y la percepción generalizada de que la clase política no responde a las necesidades de la ciudadanía.
Perú ha experimentado una turbulencia política sin precedentes desde 2016. La destitución de Martín Vizcarra en 2020, la breve y caótica presidencia de Manuel Merino, el gobierno de Pedro Castillo —que terminó con su destitución y arresto tras un intento de golpe de Estado en diciembre de 2022— y la actual administración de Dina Boluarte, que registra niveles de aprobación históricamente bajos, han erosionado la confianza ciudadana en el sistema político.
Con niveles de aprobación presidencial que han llegado a estar por debajo del 10%, el electorado peruano enfrenta las elecciones de abril con escepticismo generalizado hacia toda la oferta política.
Los desafíos que enfrentará el próximo presidente
Quien resulte elegido deberá enfrentar desafíos estructurales de gran magnitud. La inseguridad ciudadana se ha convertido en la principal preocupación de los peruanos, con un aumento sostenido de la criminalidad y la extorsión en las principales ciudades del país. Según cifras oficiales, los homicidios y delitos violentos han registrado incrementos significativos en los últimos años.
La economía peruana, si bien mantiene fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos comparados con otros países de la región, enfrenta retos en materia de crecimiento, empleo formal y reducción de la pobreza. La informalidad laboral afecta a más del 70% de la fuerza de trabajo, lo que limita la capacidad recaudatoria del Estado y la cobertura de los sistemas de protección social.
Además, la crisis del sistema de justicia, la corrupción enquistada en múltiples niveles de gobierno y la debilidad de las instituciones democráticas configuran un panorama complejo para cualquier nuevo mandatario.
¿Qué esperar en las próximas semanas?
Con la mayoría del electorado aún sin decidir su voto, las próximas semanas serán cruciales. Los debates presidenciales, las estrategias de campaña y eventuales alianzas podrían alterar significativamente el panorama. En un sistema electoral con segunda vuelta —donde los dos candidatos más votados se enfrentan si ninguno supera el 50%—, las dinámicas de rechazo son tan importantes como las de apoyo.
La experiencia de elecciones anteriores en Perú muestra que los liderazgos en encuestas tempranas pueden ser volátiles. El caso de Pedro Castillo en 2021, quien pasó de cifras marginales a ganar la primera vuelta, es un recordatorio de que en la política peruana las sorpresas son la norma, no la excepción.