La ciudad de Pereira, en el oeste de Colombia, enfrenta una situación de emergencia crítica tras registrarse un terremoto de magnitud 7,4. Las autoridades locales han confirmado que la afectación generó el colapso total de 66 edificios, dejando a cientos de familias sin hogar y obligándolas a pernoctar en espacios abiertos ante el riesgo inminente de estructuras dañadas. El balance oficial emitido por las instituciones de socorro reporta un saldo trágico de casi 300 muertos y desaparecidos en la región.
Supervivencia en campamentos temporales
Dada la magnitud del desastre, los ciudadanos afectados han establecido campamentos de carácter temporal mediante la instalación de tiendas de campaña en parques y plazas. La situación es precaria: las familias alojadas mantienen requerimientos urgentes de abrigo, colchones y carpas para pernoctar en la intemperie. Además, la acumulación de pérdidas materiales abarca tanto propiedades residenciales como herramientas de trabajo esenciales para el sustento diario.
Testimonios de pérdida y resiliencia
La realidad humana detrás de las cifras es descrita por los propios afectados. Brayan Alberto Ceballo, un ciudadano perjudicado, declaró que ha perdido todo debido al sismo: "Tenemos necesidades; asimismo, nos han tratado muy bien con comida, artículos de higiene y demás. Pero la realidad es que lo perdí todo porque todo quedó destruido, desde el negocio hasta mi motocicleta, todo quedó destrozado, pero estoy vivo".
Por su parte, Mercedes Rojas precisó las medidas preventivas que mantienen los sobrevivientes durante sus horas de descanso: "Dormimos con la ropa, con las sandalias, con la llave, con el teléfono, con los niños bien agarrados porque uno no sabe". Esta frase refleja el temor constante ante nuevas réplicas y la incertidumbre sobre la seguridad estructural de su entorno.
Logística humanitaria y refugios
Mientras tanto, las autoridades locales han dispuesto la adecuación de centros deportivos como recintos de refugio temporal para recibir a los grupos familiares que perdieron sus viviendas. En paralelo, diversos colectivos de voluntarios gestionan la recepción y distribución de agua, productos de primera necesidad y raciones de alimentos. Los pedidos actuales se centran en alimentos no perecederos, artículos de higiene, linternas, mantas y tiendas de campaña para abastecer los puntos de atención.