Como cada año, cientos de familias pisqueñas se congregaron el pasado 15 de agosto en los camposantos y templos históricos para rendir homenaje a las víctimas del devastador terremoto que sacudió la región hace 19 años. La jornada estuvo marcada por momentos de profundo silencio, velas encendidas y fotografías colocadas sobre las tumbas, donde los familiares recordaron a quienes perdieron la vida aquella fatídica noche. A pesar del paso del tiempo, las ausencias continúan marcando la vida de numerosas familias que buscan consuelo en la fe y el recuerdo colectivo.
Memoria viva en el Templo Belén
La conmemoración también tuvo un fuerte componente religioso e histórico en el emblemático Templo Belén, sede del Señor de la Agonía de Pisco. La imagen sagrada, que sobrevivió al sismo y se ha convertido en uno de los principales símbolos de esperanza para la población local, fue centro de oraciones y recogimiento. Como es tradición anual, a las 6:41 de la tarde, las campanas del templo fueron tocadas con fuerza, convocando a numerosas personas que acudieron al lugar para elevar sus plegarias en memoria de los seres queridos.
El peso de un recuerdo inalterable
A 19 años de lo ocurrido el 14 de agosto de 2007, la ciudad no olvida. El movimiento sísmico, que tuvo una magnitud de 7,9 y se extendió por gran parte del sur peruano durante varios minutos, dejó un rastro de destrucción, desesperación y muerte irreparable. La tragedia cobró la vida de 597 personas, registró 2.291 heridos y afectó a más de 431 mil damnificados. Se estima que cerca del 85 % de la provincia de Pisco resultó dañada en aquella jornada.
Pisco sigue de pie
El repique de las campanas se consolidó nuevamente como un momento central de recogimiento para toda la ciudad, recordando el instante exacto en que la tierra comenzó a moverse. Diecinueve años después, los cementerios y calles vuelven a ser escenarios de memoria donde las lágrimas se mezclan con la fe. Cada 15 de agosto, Pisco rinde homenaje oficial e informalmente a quienes ya no están, reconociendo al mismo tiempo la fortaleza de un pueblo que supo levantarse entre los escombros para continuar adelante.