El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) alertó que la persistente incertidumbre política interna se mantiene como uno de los principales factores de riesgo para la evolución de la economía peruana. Según la entidad monetaria, el denominado "ruido político" podría afectar directamente dos motores clave del crecimiento: la inversión privada y el consumo de los hogares.
La advertencia fue recogida por el Diario Expreso y se enmarca en un contexto donde la inestabilidad institucional ha sido una constante en los últimos años, con efectos medibles sobre las expectativas de los agentes económicos y la toma de decisiones empresariales.
Los canales de transmisión: inversión y consumo bajo presión
El BCRP ha señalado en múltiples reportes que la incertidumbre política opera como un freno para la demanda interna a través de dos canales principales. En primer lugar, la inversión privada —que representa aproximadamente el 18% del PBI— se ve afectada porque las empresas postergan o cancelan proyectos ante la falta de reglas claras y estabilidad institucional.
En segundo lugar, el consumo privado —componente que históricamente explica cerca del 65% del PBI peruano— también se resiente cuando los hogares perciben un entorno de mayor riesgo. La cautela en el gasto se traduce en menores ventas del comercio minorista, menor dinamismo del sector servicios y una desaceleración en la generación de empleo formal.
Ambos factores combinados configuran un escenario donde la demanda interna podría no alcanzar las proyecciones optimistas si el clima político no mejora sustancialmente.
Un patrón recurrente: la inestabilidad como lastre económico
La advertencia del BCRP no es nueva, pero cobra relevancia en un país que ha tenido seis presidentes en los últimos cinco años y donde el Congreso mantiene niveles de aprobación históricamente bajos. Esta inestabilidad crónica tiene consecuencias concretas que se reflejan en los indicadores.
El índice de confianza empresarial, medido por el propio BCRP, ha oscilado en los últimos trimestres entre el terreno optimista y pesimista, sin consolidar una tendencia clara de recuperación. Las expectativas de inversión a 3 y 12 meses también han mostrado volatilidad, reflejando la dificultad de los empresarios para planificar en un entorno políticamente impredecible.
La incertidumbre política interna se mantiene como uno de los principales factores de riesgo para la evolución de la demanda interna, según el análisis del Banco Central de Reserva del Perú.
Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han coincidido en que el Perú posee fundamentos macroeconómicos sólidos —baja inflación, reservas internacionales significativas y niveles de deuda pública manejables—, pero que el factor político representa un riesgo idiosincrático que podría limitar el potencial de crecimiento.
Proyecciones económicas: entre la cautela y la oportunidad perdida
Para 2025, el BCRP ha proyectado un crecimiento del PBI cercano al 3%, cifra que depende en gran medida del comportamiento de la inversión privada y el consumo. Sin embargo, la propia entidad reconoce que estos estimados están sujetos a riesgos a la baja si las condiciones políticas no favorecen la confianza.
El sector minero, principal motor exportador del país, podría compensar parcialmente una menor demanda interna gracias a los altos precios del cobre y otros metales. No obstante, incluso los grandes proyectos mineros han enfrentado demoras y complicaciones vinculadas a conflictos sociales que, en muchos casos, tienen raíces en la falta de gobernanza y articulación política.
La inversión pública, que debería actuar como contrapeso en contextos de menor dinamismo privado, también enfrenta limitaciones. La ejecución presupuestal de los gobiernos subnacionales —regionales y locales— históricamente no supera el 65% al cierre de cada ejercicio fiscal, un problema estructural que el ruido político agrava al desviar la atención hacia conflictos institucionales.
El costo económico de la incertidumbre: datos que preocupan
Diversos estudios académicos han estimado que la incertidumbre política puede restar entre 0,5 y 1 punto porcentual al crecimiento potencial de una economía. En el caso peruano, donde el PBI potencial se sitúa alrededor del 3% a 3,5%, este efecto no es menor.
El empleo formal, medido por la Planilla Electrónica, ha mostrado una recuperación lenta tras la pandemia. La tasa de informalidad laboral se mantiene por encima del 70% a nivel nacional, una cifra que difícilmente mejorará sin un entorno propicio para la inversión sostenida y la formalización empresarial.
Además, el tipo de cambio, aunque relativamente estable gracias a las intervenciones del BCRP y los sólidos fundamentos externos, también es sensible a episodios de turbulencia política. Movimientos bruscos en el sol frente al dólar encarecen las importaciones y pueden generar presiones inflacionarias que afectan el poder adquisitivo de los peruanos.
Perspectiva: la política monetaria no puede sola
El BCRP ha cumplido un rol técnico destacado en mantener la estabilidad de precios, con una inflación que ha retornado al rango meta de entre 1% y 3%. Sin embargo, la política monetaria tiene límites claros: puede crear condiciones favorables para el crecimiento, pero no puede sustituir la estabilidad institucional ni la confianza que solo una gobernanza predecible puede generar.
La advertencia del ente emisor es, en esencia, un llamado implícito a los actores políticos. Sin un entorno de mayor certidumbre, las herramientas macroeconómicas —por más sólidas que sean— resultan insuficientes para impulsar un crecimiento robusto y sostenido que beneficie al conjunto de la población peruana.